Descubriendo a Dios

A mi, la noche me encanta, es mágica, recuerdo y recordaré siempre una noche de verano del año 2004 en el Manantial.

Nos quedamos a dormir mi hermano Reinaldo, Rubén y yo en la terraza. Fue increíble, podías respirar suavemente el dulce olor de la naturaleza; se oía con claridad como corría el agua en el río y el sonido de los grillos.

El cielo estaba estrellado por completo, y en ese instante, presencié los minutos más espectaculares de mi vida. Jamás había visto una estrella fugaz, y en esos minutos tan especiales divisé cientos y cientos de ellas, algunas increíblemente grandes. Me sentí muy especial en aquellos instantes.

Era mi última noche de estancia en ese precioso lugar y parecía que alguien me hablaba al corazón diciéndome que aquel lugar era mi hogar.

Jamás lo olvidaré